El beso a Leslie Winkle

Leslie Winkle tiene razón: lo importante de una cita es el beso. Libera un cóctel de sustancias entre las que se encuentran las que gobiernan el estrés, la motivación, la creación de lazos afectivos y, por supuesto, la estimulación sexual.

En 2007, un estudio de la psicóloga Wendy L. Hill y su estudiante Carey A. Wilson del Lafayette College en Pennsylvania comparó los niveles de dos hormonas en 15 parejas hombre-mujer de estudiantes antes y después de besarse y antes y después de hablar mientras se cogían la mano. Una hormona era la oxitocina, que también influye en el reconocimiento social y los lazos sociales, y la otra el cortisol, que desempeña un papel en el estrés. Hill y Wilson predijeron que el beso dispararía los niveles de oxitocina, que también influye en la formación de relaciones de confianza y generosidad, así como en la conducta parental y maternal y en el orgasmo. Esperaban que el efecto fuera más pronunciado en las estudiantes, que informaron de un alto nivel de intimidad en sus relaciones. También supusieron una caída del cortisol, pues era de esperar que besar alivia el estrés.

Cuál no sería su sorpresa cuando encontraron que los niveles de oxitocina solo subieron en los hombres mientras que cayeron en las mujeres, tanto en aquellas que besaban como en las que sólo cogían la mano de su amado. Su conclusión fue que las mujeres necesitan bastante más que un beso para sentirse emocionalmente conectadas o sexualmente excitadas –esto debía haberlo sabido Leonard-, y las investigadoras especularon que la mujeres podrían necesitar de una atmósfera más acorde a la situación que la preparación experimental había proporcionado: resulta complicado considerar la habitación del centro de salud de la universidad donde se realizó la prueba como un lugar romántico, por mucho que Hill hubiese colocado flores y música suave. Así que el pobre Leonard lo tenía difícil, besando a Leslie en un laboratorio.

Lo que Hill sí descubrió es que los niveles de cortisol en ambos sexos cayeron sin importar la forma de intimidad, lo que parece demostrar que besar reduce el estrés. Por otro lado, la saliva del hombre contiene algo de testosterona, que se sabe dispara la libido en ambos géneros. Es posible que una exposición continuada y prolongada active el deseo sexual y eso podría explicar porqué los hombres prefieren los besos más babosos que las mujeres: intentan ponerlas en canción. Otro error de Leonard.

No es extraño que la antropóloga y experta en el tema de amor Helen Fisher diga que besarse es una manera de evaluar potenciales parejas. “Cuando tienes una especie inteligente, que se empareja y que además requiere dedicar años de crianza de la descendencia, la evolución selecciona más y más mecanismos para eliminar a los perdedores y encontrar el que te vale”, comenta. El beso es una parte esencial en la estrategia del cortejo y el cóctel de sustancias de la saliva puede informarnos de si la pareja escogida es la idónea desde el punto de vista biológico. Después de todo, ¿quién no ha perdido todo interés después de un mal primer beso? ¿Puede ser porque no tengamos las proporciones correctas de nuestra química en la saliva?

"Besar", dice el biólogo Gordon G. Gallup, Jr de La Universidad de Nueva York en Albany, "conlleva un intercambio de información muy complicado, olfativa, táctil y postural, que pueden indicarnos la presencia de mecanismos inconscientes subyacentes que permiten a la gente tomar ciertas decisiones... como el grado en que son genéticamente compatibles".

Gallup es de los que piensan que el beso es crucial en una relación. En la película Hitch de 2005, el profesional de la seducción Alex "Hitch" Hitchens -Will Smith- dice a su cliente y amigo: "Bailas, miras, besas... un disparo, es lo que marca la diferencia entre 'felices para siempre' y '¡Oh! es un tío con el que tuve algo una vez'".

Lo siento, Leonard, pero la próxima vez haz los deberes antes de besar a Leslie.