Leonard y el beso a Leslie (otra vez)

En una entrada anterior describimos la importancia del beso en las relaciones humanas. ¿Pero hay alguna razón bioquímica subyacente para que el beso de Leonard a Leslie no disparara la pasión?

Algunos filematólogos, los científicos que estudian los besos, creen que besarse tiene que ver con un mecanismo de supervivencia de la especie bastante peculiar: identificar parejas genéticamente compatibles.

El olor de una pareja potencial que se percibe durante el consiguiente besuqueo nos proporciona información relevante desde el punto de vista reproductivo, aunque no seamos conscientes de ello. Aunque todavía existe cierto debate sobre si los seres humanos podemos percibir las feromonas, ya que no poseemos receptores específicos para ellas -el llamado órgano vomeronasal- como las ratas o los cerdos, algunos biólogos piensan que podemos detectarlas con nuestra nariz. De hecho, los hay que, como la bióloga Sarah Woodley, creen que las mujeres pueden oler ciertas proteínas mientras besan, y lo que huelen puede afectar a si encuentran atractivo a su compañero. Incluso explicaría la tendencia de las mujeres que comparten vivienda -e incluso despacho- a sincronizar sus ciclos menstruales. Toda una demostración de influencia química.

Por supuesto esto no es más que una extrapolación de lo que se sabe del comportamiento animal: machos y hembras tienden a escoger pareja que difieran en los marcadores del complejo principal de histocompatibilidad o MHC. En los humanos éste corresponde a una familia de genes situados en el brazo corto del cromosoma 6 y que codifican información vital de nuestro sistema inmune. La mayoría de los biólogos creen que los ratones pueden literalmente oler lo diferente que es el MHC de su posible pareja ya que, como regla general, cuanto más diferente sea más fortalecido saldrá el sistema inmune de la descendencia. "Estos genes también hacen oler diferente a la gente” opina Sarah Woodley.

En 1995 el biólogo suizo Claus Wedekind pudo determinar esta selección de pareja basada en la disimilitud del MHC en humanos. Hizo oler a un grupo de estudiantes femeninas las camisetas que habían sido llevadas durante dos noches por estudiantes masculinos, sin ponerse desodorante, colonia o bañarse con jabones perfumados. Un número elevado de mujeres escogió olores de hombres con un MHC diferente. Curiosamente esta tendencia se invirtió cuando las mujeres tomaban pastillas anticonceptivas. Sin embargo los hallazgos de Wedekind no han podido ser reproducidos en otros estudios por lo que las espadas sobre este tema siguen en alto.