Sheldon y el ADN de silicio

Como bien sabe Sheldon, toda la vida en la Tierra está basada en un mismo átomo: el carbono. Tanto es así que en la película Star Trek los extraterrestres nos llamaban "unidades de carbono". Ahora bien, ¿es necesario este átomo la vida? ¿Existen otros elementos químicos que pudieran constituir el esqueleto de los procesos vivos? Eso es lo que está imaginando Sheldon: un ADN cuyo armazón sea el silicio, y no el carbono.

De hecho, la idea de que pueda existir en el universo una vida basada en el silicio es antigua: en 1891 el astrofísico Julius Scheiner especuló con este tipo de vida, que podría parecerse a cristales animados. Dos años más tarde el químico James Emerson Reynolds, en su discurso inaugural de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, señaló que una vida de silicio podría sobrevivir a altas temperaturas. Y en los años 20 el genetista J. B. S. Haldane especuló con que la vida en el interior de los planetas podría estar basada, al menos en parte, de silicatos fundidos.

Estas distintas porpuestas no son totalmente descabelladas pues los diferentes compuestos del silicio puede dar la réplica a los correspondientes de carbono. El único problema es su afinidad con el oxígeno. Esto es señalado como un problema insuperable pues si la vida en silicio fuera realmente posible hubiera aparecido en la Tierra: la quinta parte del planeta es silicio, en comparación con la centésima parte que le corresponde al carbono. Además, cuando interviene la respiración tenemos un problema añadido. El subproducto generado por nuestros pulmones, el dióxido de carbono, es un gas, pero el correspondiente al silicio es la sílice, la arena, que es un sólido. Otra característica vital del carbono es la quiralidad de moléculas críticas como las enzimas: los átomos se agrupan de dos formas, una a derechas y otra a izquierdas, como nuestras dos manos, que son imágenes especulares Este característica es fundamental para muchos procesos y el silicio no la presenta.

Otros elementos son el nitrógeno –forma cadenas largas a bajas temperaturas utilizando como solvente el amoniaco o el ácido cianhídrico– y el fósforo, pero son posibilidades mucho más remotas.

¡Ah! Y respecto al comentario de su madre, Mary Cooper... ya hablaremos en otra entrada.