Sheldon y el tecnecio

La pregunta que acaba de hacer el director del departamento de física de CalTech, Eric Gablehauser, en la 29 edición de la Physics Bowl tiene su enjundia. Recordémosla: ¿Cuál es el elemento más ligero sin isótopos estables?

Un isótopo es, dicho de forma sencilla, una de las diferentes “versiones” que puede tener un elemento químico. Recordemos que el núcleo de un átomo está hecho de protones y neutrones. El número de protones nos dice qué elemento químico es (1, el hidrógeno, 8 el oxígeno, 42 el tecnecio) y el número de neutrones, la versión (isótopo). Un elemento químico puede tener varias versiones, pero al menos una suele ser estable, esto es, que no se desintegra pasado cierto tiempo. Los que no suelen tener ni tan siquiera una son los elementos químicos muy pesados, con más protones que el bismuto (83). Solo dos, el tecnecio (42) y el prometio (61) incumplen esta norma. Esto hace que muestro amigo sea un tipo peculiar, una rara anomalía, porque es un elemento radiactivo que se encuentra confortablemente instalado entre los elementos estables de la tabla periódica.

De todos los isótopos del tecnecio el que más tiempo vive lo hace solo 4 millones de años, luego todo el que se creó con la Tierra hace 4.800 millones de años ya ha desaparecido. Por eso fue sorprendente cuando en 1952 un astrónomo lo descubrió en una gigante roja (una de las fases finales de la vida de una estrella), cuya edad supera los 6.000 millones de años. Si hubiera habido tecnecio en el material con el que se formó la estrella, hacía tiempo que debía haberse desintegrado todo. La única manera de explicar su presencia es que se había formado dentro del horno nuclear de la propia estrella. Dicho de otro modo, descubrirlo allí fue una prueba directa de que los elementos químicos se cocinan en el interior de las estrellas.

Su nombre viene del griego tekhnetos, que significa artificial, y trajo de cabeza a los químicos que lo estuvieron buscando sin descanso durante años. Muchos creyeron haberlo descubierto, lo que hace que sea el elemento con más nombres fallidos de la Tabla Periódica. Davyum, lucium, nipponium son algunos de los que le dieron unos descubridores que no lo fueron tanto.

La primera prueba de su existencia llegó de la mano de un equipo de químicos alemanes en 1925, que lo bautizaron masurium. Sin embargo, sus colegas científicos no creyeron que lo hubieran conseguido, así que su trabajo quedó enterrado y olvidado hasta 1999, cuando se repitió su experimento en Los Álamos National Laboratory y quedó demostrado que realmente lo habían conseguido. Pero ya era tarde para reconocimientos: los alemanes Tacke, Noddack y Berg no aparecen en los libros como los descubridores del elemento 43. Esa gloria corresponde a los italianos Emilio Segré y Carlo Perrier que lo aislaron en 1937.