Sheldon y el viaje en el tiempo

Viajar en el tiempo es uno de los temas más habituales de la ciencia-ficción, que en ocasiones llega a extremos sorprendentes. Entre los absurdos más conocidos está el de la película Regreso al futuro: Emett ‘Doc’ Brown ha construido una máquina del tiempo en un Delorian. Su joven amigo Marty MacFly, huyendo de terroristas argelinos, viaja al pasado y, accidentalmente, impide que sus padres se conozcan. Al hacerlo ha cambiado el futuro, que es su presente ¿qué ocurrirá?

El viaje en el tiempo significa una ruptura total de la causalidad: el tren no puede llegar a la estación antes de haber salido. Sorprendentemente, no existe ninguna ley que prohíba la existencia de máquinas del tiempo, bautizadas por el físico Kip S. Thorne como Curvas Temporales Cerradas (CTC). Para salvar tales paradojas, los físicos Novikov, Thorne, Morris, Friedmann, Echeverría, Klinkhammer y Yurstever propusieron, en 1990, el Principio de Autocoherencia: la naturaleza permite la existencia de máquinas del tiempo siempre que el universo sea globalmente autocoherente. Si usted es un psicópata y decide matar a su madre antes de que conozca a su padre, no podrá hacerlo: la pistola se encasquillará, o fallará el disparo...

El Principio de Autocoherencia nos salva de contradicciones pero no evita la ambigüedad, como pasa en el argumento de Sheldon, seguramente inspirado en la historia corta de ciencia-ficción de Samuel Mines Encontrad al Escultor (1946): un científico viaja 500 años al futuro descubriendo que le han dedicado una estatua por ser el primer viajero del tiempo. Ni corto ni perezoso roba esa estatua llevándola a su tiempo... y ésa es la estatua que utilizan para honrarle ¿Quién la esculpió? El Principio de Autocoherencia deja un amargo regusto en la boca. ¡Podemos crear información de la nada!

En este sentido, las dos historias más demenciales son producto de dos increíbles mentes de la ciencia-ficción: Robert A. Heinlein y Fredrick Brown. En Todos Vosotros Zombies de Heinlein el personaje central de la historia, gracias a una máquina del tiempo y una operación de cambio de sexo, es su propio padre y madre (dejo a la imaginación del lector discurrir cómo lo hizo). Por su parte Brown en su historia corta Experimento plantea una curiosa solución a la paradoja: imaginemos que enviamos 5 minutos hacia el pasado un cubo de metal. La secuencia temporal resulta ser un cubo que aparece de la nada y cinco minutos después lo ponemos en la máquina para enviarlo pasado. Ahora bien ¿qué pasaría si decidiéramos NO hacerlo? Brown lo resuelve de manera genial: desaparece todo el universo y sólo queda el cubo.