Sheldon y la homeopatía

Para uno científicos como Sheldon o Leonard la homeopatía es tan solo una superchería. De hecho, no tiene ninguna base científica por mucho que sus defensores hayan intentado justificar su validez. Cuando se ha sometido a análisis los mejores estudios homeopáticos las conclusiones siempre han sido similares a las que llegó el Ministerio de Sanidad español cuando en 2011 hizo público el resultado de su estudio sobre las terapias alternativas y no convencionales. En el caso de la homeopatía concluía que “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta y los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios”. Curiosamente a la Organización Médica Colegial no le deben importar mucho que los estudios clínicos sean contradictorios ni que su validez como terapia esté puesta en tela de juicio pues en 2009 la reconoció como un “acto médico”. Una conclusión totalmente diferente a la que llegó en 2010 el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes, que recomendaba al National Health Service “dejar de financiar la homeopatía”, y a la de la Asociación Médica Británica, que aprobaba ese mismo año que la homeopatía debía ser excluida del sistema de la Seguridad Social. Otros países, como Alemania o Francia aceptan su uso en las condiciones marcadas por la Unión Europea.

Curiosamente, la legislación comunitaria es extremadamente laxa con los productos homeopáticos. El profesor emérito de la Universidad Libre de Bruselas, Wim Betz, apunta a una posible razón: el lobby homeopático, entre cuyas organizaciones más potentes se encuentra la ECHAMP, La Coalición de Productos Medicinales Homeopáticos y Antroposóficos. Sabiendo que en sus dos siglos de historia la homeopatía ha sido incapaz de demostrar su validez mediante el uso del método científico, la ECHAMP se plantea como objetivo de actuación uno particularmente llamativo: convencer a los ciudadanos europeos de que la homeopatía no puede ser científicamente comprobada. Dicho de otro modo: que el método científico que cualquiera de nosotros aplica a la hora de compara un coche de segunda mano, comprobar experimentalmente que lo que nos dice su propietario se ajusta a la realidad mediante una serie de pruebas en la carretera, no es aplicable a los productos homeopáticos. Sorprendente.

Los homeópatas saben que sus preparados no podrían pasar los estrictos controles a los que se somete todo medicamento, así que su lobby presionó con fuerza en Bruselas hasta conseguir modificar la ley en su propio beneficio. De este modo, cuando cualquier cuidadano europeo compra un producto homeopático en la farmacia está adquiriendo algo que no ha pasado los mismos controles clínicos que la aspirina o el paracetamol, sino similares a los de las leches infantiles. Para sorpresa del mundo científico, la ley permite que cualquiera puede lanzar al mercado un preparado homeopático sin tener que demostrar su eficacia. Lo único que la ley europea, y por ende la española, exige, es que sea inocuo.

Curiosa manera de proteger la salud del ciudadano.